MARRUECOS 2017 “Arena y Sal”

MARRUECOS 2017 “Arena y Sal”

Este año el grupo era inicialmente de 6 coches, 15 personas, que aumentaron a 7 al apuntarse otra pareja en el penúltimo momento y volvió a bajar a 6 al desapuntarse otra en el último.

Lástima lo de estos últimos, pero un problema en su 4×4, le forzó a desistir del viaje. A la próxima será. In shalah.

El recorrido elegido para este año, se desarrollaba por el valle del Draa, el Antiatlas y la costa Atlántica. Un recorrido distinto al habitual pero que se presentaba interesante e intenso.

Tras diseñar el recorrido etapa a etapa, incluyendo los alojamientos, hubo que reajustar, por disponibilidad de alojamientos, precisamente la etapa más larga de todas: en la etapa del Oued Draa hasta Msied, no podíamos pernoctar en Fam el Hsin, ni tampoco al día siguiente en TanTan. Esto hizo que cambiáramos la llegada del día anterior a Tafraute, en el corazón del AntiAtlas y la posterior, a Fort Bou Jerif, junto a Playa Blanca.

Por mi parte, mi acompañante, con un problemilla de dolor de espalda/ciática cedió su sitio de copiloto a un amigo, que no dudo en incorporarse, cuando se lo propuse, ni 24 h.

Empezamos el viaje el viernes, pernoctando en Algeciras, para poder embarcar temprano al día siguiente, pues queríamos llegar a Marrakech del tirón y son 600 km.

El embarque y la travesía del estrecho, perfectos: el mar como un plato y buena visibilidad. Sellamos los pasaportes a bordo, ya que hemos elegido Tanger Med como puerto de entrada, en vez de Ceuta por los problemas y colas que hay últimamente en la frontera del Tarajal.

Tras una travesía, embarque y desembarque muy cómodos y casi puntuales, nos enfrentamos al parón en la frontera. A pesar de estar casi vacía, un inexplicable “problema” con el sellado de policía en los pasaportes, nos retiene casi 2 horas allí absurdamente.

Después cambiamos dinero, nos reagrupamos e iniciamos el viaje. Todo Autopista hasta Marrakech, pasando por el nuevo puente Mohamed VI de la circunvalación de Rabat, que se inauguró el año pasado y que acorta el viaje más de 30 minutos.

Comimos en un aérea de servicio, tirando de las provisiones caseras perecederas que hemos traído. Ya se ve venir que hambre en este viaje no vamos a pasar: que abundancia y que variedad¡

Entramos a Marrakech recién anochecer, la ciudad está a tope de gente, es día festivo y además se celebra el Festival Internacional de Cine. Como el hotel esta justo al otro lado de la entrada, cruzamos la ciudad en medio del caos circulatorio: calles de 2 carriles por las que circulan hasta 6 vehículos en paralelo, motos, bicis….. Una locura.

Llegamos al hotel y algunos deciden ir a la Plaza Jma el Fna y el Zoco, mientras otros aprovechan para descansar un poco, conectarse por wifi….. Tras la cena un rato de tertulia y a descansar que mañana empieza lo bueno.

Salimos temprano de Marrakech, hemos madrugado para aprovechar el sol, como haremos todos los días durante el viaje, y dejamos atrás la ciudad roja, para tomar carretera dirección Demnate, antes de llegar nos desviamos al gran embalse de Moulay Yussuf, para iniciar allí la ruta hacia los valles del Oued Tassout. Una delicia de ruta. En el primer tramo ha sido asfaltada la pista, pero eso no le quita ni un poco de belleza al paisaje.

A pesar de las fechas invernales, alcanzamos los 1500 y posteriormente los 1800 m de altura sin que la nieve haga acto de presencia. Las cumbres del Jbel Mgun están nevadas, pero mucho más arriba. Esto nos hace albergar esperanzas de que el paso de montaña del Tizi n´ Oualum, desde Amezri hacia el Valle de Skoura, esté abierto a pesar de que son 2900 m de altitud.

La ruta nos lleva ahora al fondo el valle y comenzamos a vadear el rio una y otra vez, bajo un dosel de vegetación que nos regala unos colores increíbles: el azul limpio del cielo, el blanco allí arriba, los colores ocres y rojizos de las montañas y en el estrecho valle, todos los verdes y amarillos imaginables.

Una delicia para los ojos y para los objetivos de las cámaras que no paran de disparar, especialmente la de mi copi, que capta cada detalle, cada rincón.

Comemos en medio de ese espectáculo visual, cerca de Amezri. Una comida gustosa pero rápida, que aún queda mucha ruta por hacer.

Iniciamos la subida por la pista hacia el Tizi n Oualum, y aparece un Toyota de la gendarmería averiado en la cuneta, le preguntamos si necesita ayuda pero dice que continuemos, ya viene una rueda de repuesto de camino. No nos extraña que pinche, las ruedas no tienen apenas dibujo.

Alcanzamos el punto más alto sin contratiempos, la nieve está cerca pero el camino está totalmente despejado el único posible impedimento es el vértigo. Tras parar a hacer la foto de rigor en el punto más alto de toda la ruta, continuamos hacia el Sur. (era vídeo, no foto).

La bajada muestra un paisaje totalmente distinto: valles presaharianos, vegetación escasa, solo verdea en los oasis encajados al fondo de los barrancos. Diferente, si, pero también muy bello.

Llegamos al asfalto en las inmediaciones de Toundute al norte de Skoura justo al anochecer, ya tan solo unos 70 km de carretera nos separan de Ouarzazate.

Aun así, la conducción nocturna se hace complicada, el polvo en suspensión, no se lleva bien con las luces deslumbrando o todo lo contrario: con la ausencia total de luces de algunos coches y casi todas las bicicletas.

El precio de realizar la ruta en esta época del año es ese: anochece pronto y es incómodo el final de las etapas.

Llegamos a Ouarzazate al Riad Dar Chamaa, donde nos reciben de maravilla, como siempre, nos organizan los coches para aparcar dentro de su patio delantero y disfrutamos de su hospitalidad y su buena cocina durante la cena. La posterior tertulia sirvió para comentar anécdotas de la ruta y soltar una risas, ya estamos metidos en el viaje al 100%. Un Riad fantástico para un grupo fantástico.

Mi copi nos circula, aprovechando la wifi, un video resumen del primer día de ruta que nos deja a todos sorprendido: que montaje tan profesional. A partir de aquí cada día esperaremos ansiosos el video resumen del día anterior.

Al día siguiente, de nuevo temprano, salimos hacia el valle del Draa. Seguimos una de las carreteras más bonitas de todo Marruecos, tras el puerto de montaña de Tizi n´Tinifit, a lo lejos, abajo, se empieza a ver Agzd y el Palmeral del Draa, que nos acompañara durante muchos kilómetros.

La singular silueta del Jbel Kisane se recorta tras el palmeral, detrás de Agdz. Las Kasbahs y Ksurs se van sucediendo y casi sin darnos cuenta llegamos a Zagora. La carretera hasta aquí ha sido arreglada y ensanchada y eso permite circular mejor y más seguros.

En Zagora, vemos al pasar a Jaboud (antiguo mecánico de El Gordito ahora independizado), pasamos frente al taller de Mohamed que extrañamente está cerrado, y finalmente paramos en el de Abdul: el Taller Sahara, a saludar, no tenemos nada estropeado, ni siquiera es necesario un lavado o engrase, pero da gusto y conviene mantener los vínculos con esta gente tan buenos y profesionales, que tantas veces nos han ayudado. Gordito, siempre te recordaremos.

Continuamos hacia Tagounite, decimos adiós al Oued Draa, cuyo palmeral aún queda a nuestra derecha, pero sus aguas desaparecen un poco más abajo de Zagora. Ahora si que estamos en el desierto ¡

Vamos hacia la turística Gran duna de Tinfou, el grupo tiene ganas de ver, pisar y tocar la arena y no pueden esperar más, así que allá vamos¡

Los camelleros no tardan en salir al encuentro y hay casi que apartarlos para que no roben plano en la foto de grupo frente a la gran duna.

Rodeamos por el exterior el pequeño erg de Tinfou, no es cuestión de quitar presiones para tan poca cosa y perder tiempo cuando vamos a tener arena de sobra más adelante. Y continuamos hacia Tagounite, ultima gasolinera.

Repostamos y compramos Pan y alguna cosilla en el mercado del centro del pueblo y continuamos: ya huele a arena ¡

Antes de llegar a Mhamid, nos desviamos de la carretera y comenzamos el tramo fuera de asfalto: vamos hacia el Erg Lihudi, la pista arenosa es rápida y pronto aparece el cordón de dunas frente a nosotros. Buscamos por donde franquearlo y dedicamos unos minutos a jugar un poco con las dunas y hacer alguna foto.

Tras superar las dunas del Lihudi, se abre la Hamada que dejando las dunas de Mhamid a la Izquierda, nos llevará hasta el Oasis sagrado. Esto ya es desierto puro y duro y no tardamos en dispersarnos un poco, circulando rápidos y cada uno siguiendo la rodada que cree más favorable. A pesar de llevar todos los mismos wpt un pequeño cambio en la trazada puede separar al grupo y por eso unos kilómetros mas adelante, hacemos una pequeña parada de reagrupamiento junto a un wpt de un pozo y una acacia de sombra muy apropiada para la espera.

Todos de nuevo agrupados retomamos pistas hacia el Oasis Sagrado, donde tenemos previsto comer. Lo hacemos junto al pozo del oasis de Oum Laalag, y esta vez disfrutamos de comida y sobremesa con café y todo.

Tras la comida, cubrimos los pocos km que nos separan del Erg Chegaga, el más grande en extensión de Marruecos, donde bajamos presiones y nos adentramos en el Oued arenoso que lo atraviesa. Son casi 20 km de arena que esta perfecta para disfrutar de la conducción. Nos recreamos en las dunas, hacemos fotos, subimos, bajamos, una gozada, pero no hay que dormirse que aún nos falta cruzar el lago Iriki y salir después hacia el Norte, a Foum Zguid.

A la salida del erg, paramos en el cafetín del Titanic, para reponer presiones y mientras tomar un te. Surrealista el sitio y la silueta del “barco” varado en mitad del lago fósil.

Tras reponer presiones: salimos a toda velocidad rumbo SurOeste para cruzar el Lago en toda su extensión 26 km hasta un wpt situado sobre la pista de las balizas del Dakar, y después subir al Norte hacia el macizo del M´douer el Kbir. De nuevo un pequeño cambio en la elección de la pista, hace que el grupo se separe y tengamos que hacer una parada de reagrupamiento. Aquí no se pierde nadie ¡

Ya reagrupados, la noche cae sobre nosotros y aún hay que llegar hasta Foum Zguid. En caravana, vamos avanzando penosamente, pues de nuevo el polvo en suspensión, de noche, dificulta mucho el avance. Salimos por un recorrido alternativo al mar de piedras que hay al Norte del Mdouer, enlazando con una pista más al Oeste, que hace que recorramos más kilómetros, pero mucho más cómodos.

Paramos un instante al alcanzar la pista principal y apagamos luces y motores para disfrutar del espectáculo del cielo estrellado único del Sahara y de la salida de la Luna llena que en pleno Perigeo se alza puntual tras el horizonte del Jbel Bani.

Las paradas cortas¡, que nos espera el Albergue Bab Rimal en Foum Zguid para una más que merecida cena y quitarnos el polvo de la ruta.

Hacemos el ultimo tramo por una pista arenosa que obliga a engranar reductoras en algunos coches e incluso produce algún pequeño enganche, pero se solventa todo rápido y sin contratiempos y sorprendentemente sin controles militares, llegamos a Foum Zguid.

Bab Rimal recomendable, las habitaciones por originales y cómodas, la cena solo aceptable. Posterior tertulia y resulta que hay un grupo con HDJ de Murcia por allí. Nuevo video que recibimos con gusto a pesar de la poca calidad de la wifi.

Ha sido un día muy completo: Desierto puro y duro, aunque a nosotros nos mostro esta vez su cara más amable: Cero problemas.

Al día siguiente nuevo cambio de escenario: vamos hacia el Antiatlas y sus espectaculares gargantas. Salimos temprano, como no, hacia TaTa. Una buena carretera que hace años era una simple pista, nos lleva hasta Tissint, situado en un Foum tras pasar Mrimina, y unas decenas de km más a la localidad de TaTa, que esta estratégicamente situada pero de escasa oferta hotelera, el viejo “Relais des Sables”, sigue siendo la opción menos mala allí.

Desde allí tomamos la carretera local a Imitek para al poco adentrarnos en las Gargantas de Tazhagzaut o Gargantas del Camaleon.

Un paisaje increíble nos recibe, los plegamientos de las montañas con gigantescos y caprichosas formas presiden el fondo del valle. El inicio de la pista esta recién asfaltado, y hay obras en marcha para abrir carretera en todo el valle, pero de momento, hay que seguir la vieja pista que va por el fondo del oued. A cada paso, en cada recodo, nos da una visión sorprendente. Pequeños huertos heroicos adosados a los laterales del camino, mujeres cargando leña vestidas con coloridas túnicas, niños sonrientes que salen a nuestro encuentro… parece el portal de Belén.

Recorremos todo el valle hasta alcanzar en su salida una pista de cornisa que, tallada en la pared lateral, perfectamente integrada en los estratos, nos permite ganar altura y salir a las altas planicies fuera del valle.

Allí termina la primera de las 3 gargantas que recorreremos hoy.

Al poco iniciamos, por una nueva pista en buen estado, un rápido descenso hacia las gargantas de Tijfert, descendemos hasta el fondo encontrándonos una pista buena sobre gravilla natural de buen tamaño, que va abriéndose entre pequeños poblados bereberes como se ve por los símbolos exhibidos en las montañas que los rodean, hasta llegar a un rincón perfecto para comer, donde una curva de las gargantas ha creado un hueco entre rocas ideal y resguardado. Magnifica comida en un magnifico lugar.

Seguimos el descenso en el que no dejamos de encontrar sorpresas: jabalíes, palmerales, rincones impresionantes, ruinas de antiguos agadires en los altos de montañas imposibles… así discurre la tarde, en una sucesión de decorados impresionantes.

Al poco alcanzamos asfalto y tomamos nuestro tercer valle: las gargantas de Ait Mansour, estas están asfaltadas y son una de las rutas favoritas de bicicleta de montaña y moteros.

No hay mucha agua en las gargantas, pero aun así son espectaculares, las paredes de piedra prácticamente verticales en algunos tramos, se suceden; mientras avanzamos entre palmeras, un espectáculo que no deja indiferentes.

Poco a poco ganamos altura y nos acercamos al puerto que da acceso al circo granítico que rodea Tafraute, bajamos el pequeño puerto, donde un par de aventureros se disponen a saltar en parapente, y nos dirigimos al paraje de las piedras pintadas, que recorremos con las ultimas luces del atardecer e incluso improvisamos una trialera. Saliendo del paraje, una pareja de gacelas esquivas corre a esconderse.

Llegamos a Tafraute y de allí al viejo Hotel Les Amandiers, quizás el más sencillo de toda la ruta, pero que cumple bien su cometido. Aquí el tiempo parece que se ha detenido, la misma decoración original de hace más de 25 años en todo el hotel, en las habitaciones…. incluso los uniformes de camareros y personal parecen de esa época. Pero sorprendentemente, a pesar de los años, todo funciona bien, hay buena presión y agua caliente en la ducha y además una wifi estupenda. Que más queremos¡

Antes de la cena, bajamos a arreglar un pequeño ruido en la amortiguación de uno de los coches: los silent blocks superiores de la amortiguación delantera están rotos, y se sustituyen tras un rato de bricolaje. Parece que ya venían mal de antes del viaje. Problema solucionado en equipo, herramienta y cerveza no nos falta.

Uno de los compañeros ha perdido su móvil, cree que se lo dejo en el anterior hotel, llamamos a la agencia, al hotel, a los móviles de los propietarios, enviamos mail y a esperar a ver si aparece.

Durante la cena nos planteamos que hacer con la ruta del día siguiente, es la más larga y al final, si todo va bien hay un largo enlace de asfalto de 200 km que, con toda seguridad habrá que hacer de noche, y la conducción nocturna se nos hace muy cuesta arriba.

Se plantean varias opciones y finalmente optamos por hacer la ruta un poco más light, pero aprovecho para incluir una imprevista visita interesante.

Al anochecer recibimos mail de Foum Zguid: el móvil no lo ven por allí.

Tras desayunar, salimos de Tafraute hacia el Sur, hacia Fam el Hsin, por el precioso valle del Asif Magoune, tal y como teníamos inicialmente previsto. La carretera se retuerce en curvas increíbles en descenso hasta encajonarse y dar paso a una buena pista. Al llegar a Fam el Hsin, en vez de ir hacia el SurOeste, hacia Torkoz nos vamos al Oeste a Amtoudi, donde visitamos su famoso granero fortificado.

Una subida a pie de unos 30 minutos permite acceder al recientemente restaurado castillo, donde tenían todo lo necesario para sobrevivir un asedio: colmenas, depósitos de agua…. Una visita muy interesante y un poco de ejercicio. Parte del grupo nos quedamos al pie de la montaña en el palmeral y así, mientras, hay tiempo de rebuscar a fondo en el coche por si aparece el móvil y…. la Baraka esta de su parte: el móvil aparece entre unas cajas para inmensa alegría del propietario. Que subidón.

Nos reunimos todos de nuevo y salimos hacia Guelmin, pero decidimos improvisar una pequeña ruta fuera de asfalto y hacemos un recorte y en vez de ir por Bouizarkane, cambiar de valle por Tajight hacia Tagmout y salir directos a Fask. En el improvisado atajo, comemos bajo una gran gran acacia, y disfrutamos de una comida sosegada, con sobremesa tranquila.

A partir de Fask, unos pocos km nos separan de Guelmin, donde paramos a hacer las últimas compras para el próximo día de pan y otras cosillas y nos dirigimos hacia la solitaria carretera de Playa Blanca. Cuando estamos a unos km antes del desvió de la pista a Fort Bou jerif, uno de los coches avisa que para, algo va mal.

Pequeño susto, quizás un corte de digestión, pero le ha dado el tiempo justo de parar el coche en el arcén y frenarlo antes de desvanecerse. Paramos, se reanima y tras descansar un poco coge el volante otro compañero hasta llegar a Fort Bou Jerif, donde el afectado se acuesta a descansar. Le doy suero reconstituyente y probióticos y se queda descansando y rehidratándose.

El resto mientras, redescubrimos o descubrimos (para los que no lo conocían) el singular alojamiento que es Fort Bou Jerif: ubicado en pleno desierto atlántico, junto a las ruinas del fuerte de la legión homónimo, tiene varias construcciones: recepción, comedor, bar, petit hotel, hotel, jaimas… organizadas en un entorno cuidado y adornado con singularidades como el gran esqueleto de ballena que preside el patio central.

La wifi congrega a todo el grupo en el bar y de allí a la original cena, donde no falto el Tajín de camello además de otras exquisiteces más asequibles a estómagos delicados. Un 10 de cena y atención por parte del personal del Albergue. Para hacer la digestión espectáculo de serpientes.

A las 12 se apaga el generador y tras un gin tonic nos retiramos a dormir, deseando que el perjudicado compañero se recupere para el próximo día, cierro los ojos pensando en planes B, C, D, ZZZZZzzzzzz

El despertador toca diana y vamos a ver que tal esta, que amanece muy recuperado. Un desayuno en el que él toma una manzana y un poco de pan hace presagiar que la mejoría es evidente, aunque tiene que seguir rehidratándose durante todo el día con el suero milagroso que le he preparado. Los demás nos ponemos morados, como de costumbre, desayunando.

Salimos hacia Playa Blanca, la deseada ruta de hoy es menos exigente en km, pero muy interesante en paisajes y conducción. Tras estos días de altas montañas y profundos valles, nuestro horizonte se amplía al llegar al acantilado de Playa Blanca sobre el océano Atlantico.

La marea, según lo previsto, esta perfecta: bajamar. Nos lanzamos al ataque: bajamos hacia la embocuadura del Oued Moun, sorteamos un pequeño cordon de dunas y recorremos la playa desde la desembocadura del Oued Noum hacia el Sur, hasta más allá de Oureora, donde los acantilados cierran ya el paso. Paramos junto a los restos de un naufragio visibles solo con bajamar.

Circular por allí es una delicia, a un lado el océano con sus olas e innumerables aves, entre las que se incluyen un enorme grupo de flamencos rosados, al otro el cordón de dunas blancas. Una gozada.

Hacemos el recorrido completo inverso: hacia el Norte y seguimos ruta, ya por pista, costeando en direcciona Sidi Ifni. Un alemán (”Danes”) coincide con nosotros y nos adelantamos mutuamente varias veces a medida que nos detenemos uno u otros en el recorrido costero.

Bajamos hasta una de las calas para hacer a continuación la denominada “subida imposible” que no lo es tanto, y continuar hasta llegar al Oued Assaka, donde tomamos el puente (parcialmente hundido) y ya el asfalto hasta Sidi Ifni.

Paramos a comer donde estuvo hace años varado el Zhara, aunque ya no queda nada del viejo barco. Los chatarreros se han llevado todo lo aprovechable y el mar ha hecho el resto.

En Sidi Ifni hacemos parada clásica en la antigua plaza de España, visitamos edificios como el de la gobernación, o el cine Avenida, y tomamos un té en una terraza sobre el mirador antes de reanudar la marcha hacia el último lugar singular a visitar en nuestro recorrido hacia Tiznit: Los arcos de Lezguira.

Bajamos a la playa de Lezguira y hacemos el recorrido hasta el arco a pie, mientras el sol está bajando y nos regala una luz especial que ilumina acantilados marrones, playa, rocas y mar. A este paso le van a faltar gigas hasta a los más previsores para la memoria de las cámaras. El Segundo arco se derrumbó el pasado año.

A la vuelta 2 de nuestros compañeros, que se habían quedado por la playa, nos obsequian con un mural de piedras muy hippy, con el nombre y logo del club. Parece que se han contagiado del ambiente tan especial del entorno.

Retomamos carretera a Tiznit ya de noche y llegamos al Idou Tiznit, locos por pillar de nuevo wifi, descargar los nuevos videos del reportero gráfico del grupo que nos tienen asombrados y comunicar con casa.

Al día siguiente ya toca ir subiendo hacia el Norte, nuestro destino es Esauira, y las rutas off road se han acabado, por tanto, lo primero que hacemso es ir a repostar y lavar un poco los coches, especialmente los bajos, para eliminar la sal de las playas y ya reagrupados comenzamos recorrido.

Al poco me paran: multa por exceso de velocidad, mira que es difícil escaparte en ese tramo a pesar de circular con prudencia, con señalizaciones de 100, 80 y 60 km/h tan seguidas. Al menos la multa es de tan solo 150 dH (15€), ya no vale aquello de “negociarla” y menos por ese importe.

Durante la mañana paran hasta 2 coches más, aunque escapan con meras advertencias.

Llegamos a comer, forzando un poco la duración de la mañana, a la Plaza de Esauira, donde se desata la locura entre los vendedores de los diferentes puestos de pescado que intentan captarnos para su negocio. Al final elegimos 1 de ellos, un buen rancho de pescado y marisco y comemos de maravilla antes de pasar por el Hotel a coger las habitaciones, dejar equipajes y retornar al centro para visitarlo por libre.

El Hotel fantástico, es el único que no conocía de este itinerario y me sorprendió tanto por las habitaciones, la decoración como por la calidad de su restaurante y la amabilidad de sus propietarios y personal. Muy recomendable el Riad Zhara.

La visita a Esaouira no defrauda, las calles, las compras, los rincones, las murallas y el trajín del puerto pesquero no dejan indiferente a nadie. Nos reencontramos prácticamente todo el grupo tomando un té en la plaza del caracol al anochecer.

Al día siguiente, tras desayunar maravillosamente, (a algunos le ofrecieron un extraño servicio de habitaciones), salimos hacia Asilah.

El primer tramo se realiza por carretera convencional, atravesando pueblos agrícolas que utilizan la calle principal como mercado al aire libre, convirtiendo cada travesía en un espectáculo.

Pronto salimos a la nueva autopista en las cercanías de Safi y ya no la dejaremos hasta Asilah. Los kilómetros caen rápidos a ritmo constante y tras la comida en ruta, llegamos a Asilah con tiempo y luz suficiente para visitar la medina, callejear, tomar fotos, hacer las últimas compras y como no, tomar té.

Al anochecer, reagrupados, nos vamos hacia el Riad Al Alba, uno de nuestros favoritos. Todo tan limpio, tan blanco y tan tranquilo que da gusto entrar allí.

La cena, aunque la han simplificado respecto a otros años, no defrauda, una maravilla.

Ultima tertulia y últimas copas y a descansar que mañana, como no, se madruga.

Amanece redundante en Al Alba y dejamos Asilah, con las primeras luces y sentimiento de pena, para cubrir los 80 km hasta Tanger Med y pasar la aduana (la salida mucho más rápida que la entrada) e ir al embarque. Esta vez no es la aduana la que nos retrasa, sino el Ferry que llega 1h30m tarde, y que además tiene que embarcar un buen número de camiones, por lo que acumulamos 2 horas de retraso sobre lo previsto, pero se aguanta bien. Ya estamos acostumbrados a la relatividad del tiempo.

Travesía y desembarco en Algeciras sin problemas, anuncian una ciclogénesis de nombre Ana, que no nos alcanza, y comienza el regreso. Comemos en un área de servicio poco antes de Málaga, donde dejo a mi copiloto que volara de allí de vuelta a casa y me reúno con el grupo en la autopista, en marcha. Ya tenemos ganas de llegar a casa. La emisora hace ameno el regreso y se van sucediendo los comentarios y bromas que hacen que los km pasen sin sentir.

“Hasta el rabo todo es toro”, pero ahora ya si que podemos decirlo: ya estamos de vuelta y el viaje ha sido maravilloso, ni siquiera un pinchazo, un viaje simplemente perfecto.

Paco Aleo 19/12/17 (Natural Aventura 4×4)