Un viaje Bajo la Luz de la Luna

Un viaje Bajo la Luz de la Luna

Este año se presentaba un viaje diferente: un grupo pequeño (solo de 5 coches) y además era la primera vez que todos los componentes eran hombres.
El grupo estaba formado por 2 HDJ 100, 2 Jeep Gran Cherokee de gasolina y 1 Kia Sorento, 10 personas en total.
Salimos el Viernes previo al inicio de la semana santa, dando comienzo a lo que denominamos “día 0” en dirección a Fuengirola, de esta forma podríamos embarcar temprano al día siguiente dada la cercanía a Algeciras.
Cada uno fue llegando a su ritmo y horario, en función de lo que le permitía su trabajo, pero todos nos reagrupamos a la hora de cenar, un estupendo pescadito frito y otras delicias de la tierra, que degustamos en compañía de los amigos de Kike y nuestro socio Manu de Fuengirola.
Después tuvimos ocasión de disfrutar del ambiente nocturno de la zona.
Al día siguiente, sábado, con algo de prisa, y un poco perjudicados, salimos hacia Algeciras, donde teníamos que solucionar en las taquillas de la agencia de viajes un error en las fechas de embarque para obtener los billetes del ferry dirección a Ceuta. Tras solucionarlo, embarcamos en la breve travesía de apenas una hora en un fast Ferry que se movía más de lo deseable debido al estado de la mar en el estrecho. La brevedad del trayecto, evito -por poco- que los síntomas de mareo que suelen aparecer en estas circunstancias, especialmente tras la movida noche anterior, fuesen a mayores.
Una vez en Ceuta nos dirigimos a la frontera del Tarajal, donde cumplimentamos los trámites de entrada con relativa celeridad.

Ya en Marruecos, montamos emisoras y tomamos la autopista de la costa dirección Tetouan para dirigirnos a nuestro destino para esa noche: Chefchauen.
Repostamos a unos 80 c€ el litro de gasoil en Tetouan (que gusto) y tomamos la carretera de Chauen. Al cabo de un rato paramos a comer en una ladera con vistas a un pantano, rodeados de verde por todos lados. Era nuestra primera comida en grupo y dimos cuenta de algunas de las cosas que llevábamos preparadas de casa: tortillas, empanada, y esa maravillosa tarta de Santiago… acompañadas de pan local, que mira que esta bueno. A continuación, retomamos la tortuosa carretera para continuar hacia Chauen.
De camino, en este último tramo, nos cruzamos con numerosos todo terrenos que participaban en un Rally del cuerpo diplomático, perfectamente escoltados y señalizados por la policía, también tuvimos en ese tramo el record de policía con radar por km. Pasamos más de 20 controles de policía equipados con sus radares de mano.
Llegamos a Chauen sin contratiempos, bajo un cielo gris que amenaza lluvias. Nos alojamos en Casa Hassan, un alojamiento tipo Riad, con todo el encanto de los alojamientos tradicionales marroquíes, con sus patios, sus fuentes y un trato exquisito. La cocina es además uno de los puntos fuertes de este hotel.
Además, especialmente para los que visitan el país por primera vez, supone una inmersión súbita en el nuevo ambiente.
Durante la tarde tuvimos ocasión de descansar y pasear por el pueblo, que cada vez está más bonito: las calles, puertas, plazas y rincones tan especiales. También subimos hasta la fuente de Ras el Maa que estaba llena de gente paseando y terracitas donde tomar un te.
Este pueblo es un encanto.
En la cena pudimos disfrutar de las variedades más representativas de la cocina marroquí: una excelente Harira, cremas de verduras y ensaladas eran las opciones como primeros y una selección de segundos platos a cual más rico: tajines de deferentes clases, cous cous, bastilla y pinchitos eran parte de la sugerente y suculenta oferta que pudimos degustar. Los postres no desmerecieron el conjunto de la cena.
Durante la noche, ya de madrugada se desató una tormenta impresionante. Los relámpagos iluminaban todo el exterior y el sonido de los truenos rebotando en las paredes de las montañas que rodean el pueblo eran atronadores, el agua comenzó a caer con fuerza golpeando en las los tragaluces del patio del Riad. Todo esto unido a la proximidad de las mezquitas llamando a la oración de la madrugada, hizo que muchos no pudiéramos pegar ojo a partir de las 5 de la mañana.

Domingo: Tras un fantástico desayuno, salimos por carretera bajo la lluvia dirección Marrakech, tomamos la carretera de Oauzanne para luego tomar dirección Souk el Arbaa, para posteriormente salir a la autopista de la costa, por el camino el paisaje fue cambiando poco a poco: dejamos atrás las montañas del Rif y la lluvia, para dar paso a las llanuras de cereales, pero eso sí, el verde y la evidencia de copiosas lluvias nos acompañó todo el trayecto. De hecho resulto difícil encontrar un solo lugar donde para a comer, que no estuviera totalmente embarrado, por lo que, finalmente, un poco tarde, organizamos la comida en un área de descanso en la Autopista.
Una vez en la Autopista de la costa, la conducción se vuelve más cómoda y los kilómetros caen rápidamente.
Llegamos a Marrakech, dejando atrás la lluvia, alrededor de las 6 de la tarde, unas obras en la avenida principal que nos llevaba al hotel nos obligaron a dar rodeos hasta que por fin, con la ayuda de GPS y Tablet, conseguimos llegar al parking del Atlas Asni.
Como es un poco tarde, decidimos coger las habitaciones, relajarnos un poco, conectarnos al wi-fi y hacer tiempo para cenar temprano para después acercarnos a la Plaza Jma el Fna.
El Atlas Asni es un hotel que a pesar de los años, va renovando y manteniendo bastante bien sus instalaciones y de hecho parte del grupo disfrutó de recién renovadas habitaciones con magníficos baños y duchas, (aunque esta vez «sin pollo»).
Tomamos los típicos taxis Marrachis para llegar a la plaza: haciendo eslalon entre motos, bicis y peatones con los viejos mercedes que suelen tener más de 1 millón de kilómetros, hasta llegar a las inmediaciones de La Plaza.
Estaba a tope: el espectáculo de variedades estaba servido: una multitud que se agolpa de corro en corro, oyendo historias, participando en juegos o simplemente curioseando, por algo lo nombraron patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco. Después nos adentramos en las calles del Zoco donde disfrutamos de las compras y las risas que echamos con los vendedores y los regateos habituales, el té, los relojes, especias, lámparas….. y otros pequeños compras que hicimos por algunos Dirhams.
Finalizamos la visita con el tradicional té en la terraza panorámica del Café de France y regreso al hotel.
Allí, tras la cena, unos antes y otros un poco después, a descansar a las habitaciones porque mañana empieza la auténtica aventura.

Lunes: Nuestro objetivo es llegar a Ouarzazate, al otro lado del Atlas, pero evidentemente no lo haremos por el paso más sencillo. Para este año tenemos previsto cruzar el Atlas por los Valles del rio Tassaout. Es un recorrido nuevo, largo pero muy muy bonito.
Circunvalamos todo Marrakech por fuera de sus murallas, lo que permite hacernos una idea de la auténtica dimensión de la ciudad que da nombre a todo el país. Tomamos la carretera en dirección Demnate para, poco antes, desviarnos al embalse de Moulay Joussuf. Antes de alejarnos de las vías principales, repostamos y rellenamos también los Jerrican “por si acaso”. Desde el embalse arranca una pista, en sus primeros kilómetros asfaltada, que poco a poco va tomando altura y enlazando un paisaje tras otro a cual más espectacular. Las vistas son de las que cortan la respiración. Contrastes de color: tierras rojas, piedras negras, verdes praderas y nieves en lo alto de las montañas más altas.
El asfalto desaparece al poco y se convierte en tierra arcillosa. Completamos el primer tramo (hasta cruzar la precaria carretera que une Demnate con Ouarzazate) sin contratiempos y continuamos asombrándonos con la belleza del entorno: el camino se vuelve cada vez más estrecho, es necesario ajustar bien la distancia entre las paredes laterales y…. empiezan a parecer cruces con burros y otros animales de carga, que hay que negociar como si del cruce con un trailer se tratara.
Lo estrecho del camino hace que los copilotos tengan que bajar a indicar el paso y a hacer de improvisados pastores para arrear los animales “rrriiii, rrriiii……”. En la escuela de Agni/Ait Rbaa tuvimos que entrar en “su patio” para poder cruzarnos con otro vehículo (de los pocos que afortunadamente pasan por allí).
La pista desciende al fondo del valle y se confunde con el propio rio, se suceden los vadeos, que vamos realizando sin contratiempos pero fascinados por el entorno.
En los rincones que permiten las verticales paredes hay pequeñas huertas y las casas aprovechan la difícil orografía para colgarse sobre el valle. En este punto recomiendo que hechéis un vistazo a las fotos d el la galería.
Es fácil entender que de estos valles hayan salido buenos constructores de casas, pozos… que trabajan, por su arte y buen oficio, en todo el país.
Realizamos la parada de comida en el lecho del rio, cerca de Ait Tamli y disfrutamos de una comida caliente: esta vez son albóndigas así como un sinfín de aperitivos y picoteo variado. Además esta mañana compramos junto con el riquísimo pan del día, unos sabrosos tomates y cebollas de la tierra con las que hacemos unas ensaladas de lo más apañadas.
Tras la comida retomamos la ruta y pronto llegamos al último tramo: pasamos Amezri, donde regalamos un balón de futbol en medio de un partido, que fue celebradísimo. Ahora tenemos que volver a ganar altura: 3000 m para llegar al collado del Tizi n Oualaoun, este paso rivaliza con el del Tizi n Ouano en la ruta de Imichil al Dades, por ser el más alto accesible en vehiculo 4×4 de todo Marruecos (ambos rozan los 2900 m). Por suerte, tan solo hay algunos neveros en las cunetas.
La ruta planteaba varias incógnitas que solo se pueden resolver sobre el terreno: el estado de las estrechas pistas en algunos tramos de antes de la comida, la cantidad de agua que baje de las montañas y por tanto los vadeos del tramo antes de Amezri y finalmente el posible bloqueo por nieve en el último collado, todos nos han sido favorables hasta ahora y también podemos coronar el alto, justo cuando cae la noche sobre nosotros y encaramos la vertiente hacia el sur.
No ha sido necesario recurrir a las alternativas para salir del recorrido integral.
La bajada nos debe llevar a los pequeños pueblos de Taghera, Azare…. Y finalmente tomar asfalto en Agerd y Tounduote para salir a la carretera principal en Skoura.
La ruta es muy bonita pero también larga, son 400 km y la noche que nos alcanzó cuando coronamos el alto de Oualaoun, dificulta extraordinariamente el avance, menos mal que a partir de aquí la pista es buena y está perfectamente marcada, por lo que es posible seguirla incluso en completa oscuridad. Kike va abriendo ruta y es el que más acusa el esfuerzo, mientras que los demás seguimos las luces del coche que nos precede y recibimos las indicaciones por radio de las incidencias que van apareciendo en la pista, lo que ayuda mucho.
A punto ya de salir a asfalto a uno de los Jeep le aparece n ruido extraño en el tren delantero: ha perdido un tornillo de sujeción de la barra estabilizadora. Decidimos continuar puesto que solo quedan unos kilómetros de carretera y reparar en Ouarzazarte.
Llegamos al Hotel Karam de Ouarzazate, que es amplio pero está bastante descuidado, la cena: correcta y después de cenar le echaran un vistazo al tema del tornillo del Jeep.
Yo me retiro a descansar porque estoy tocado de la garganta e incluso parece que tengo un poco de fiebre, mi copiloto (que bien me cuida) me trae medicación del coche y no salgo de la habitación tras la cena. Mañana será otro día.

Martes: Ouarzazate – Zagora
En el desayuno pasamos revista al bufett y a la situación:
El jeep no ha podido encontrar ninguna tuerca que le valga entre las que les deje anoche y tenemos que buscar una solución.
Propongo que el grupo inicie la ruta prevista y yo me quedaré atrás con ellos para ir a buscar mecánico, después, en función del tiempo que perdamos, recortaremos la ruta, encontrándonos en Tazenakt, si hemos solucionado rápido, en Foum Zguig o bien en el peor de los casos, directamente en el final de etapa en Zagora, donde hay buenos talleres. Seria una pena que nos perdiéramos todos la etapa prevista.
Encontramos una tienda de repuestos, el «Repuestos Pagan» de Ouarzazate, donde nos ofrecen diferentes tornillos y tuercas, con pasos métricos y también Whitborth (por aquello de que el coche es de origen anglosajón).
De allí, vamos a un taller en las afueras, donde un mecánico, que aún no ha abierto su negocio, nos ayuda. Al final parece que el paso es métrico y tan solo están dañados los primeros hilos de rosca, por eso no entraban las tuercas. Mientras el mecánico va a ponerse un mono para no mancharse, es el propio Jacinto, quien ejerciendo de buen copiloto, se pone manos a la obra y coloca la tuerca en su sitio. El mecánico termina de reapretar y comprobar el lado contrario y ¡ya estamos listos para continuar ruta!
Como hemos tardado poco y el grupo se ha entretenido un poco en encontrar el arranque de ruta, decidimos hacerla por detrás de ellos completa, sin recortar ningún tramo.
Atravesamos Ouarzazate hacia el Sur, cruzamos el rio y buscamos la salida por el polígono (fantasma) detrás del que arranque la pista del Oasis de Finnt. Tomamos la pista que está en perfecto estado y permite circular a buen ritmo. A lo largo del tramo hasta Tazenakt contactamos con el grueso del grupo por radio, que bajan el ritmo, para permitir que nos reagruparnos en la salida a asfalto.
Desde allí tomamos la carretera de Foum Zguid, encontrándonos con unas obras de ensanchamiento un poco peligrosas cerca de Talat. Llegamos a la gasolinera de Foum Ziguid donde podemos repostar y subir presiones, porque la etapa integral de hoy también es larga, aunque tenemos, al menos 2 puntos de repostaje: Foum Ziguid y Tagounite.
En Foum Zguid recordamos la larga tarde/noche que pasamos hace un par de años gestionando la reparación y grúa de 2 coches.
A la salida del pueblo, dejamos la carretera para tomar la pista hacia el Lago Iriki. Pasamos el antiguo control militar (abandonado desde hace unos años) y continuamos por la pedregosa pista teniendo en el horizonte el Mdouer el Kbir, un macizo cuyo perfil parece sacado de los escenarios de las películas del oeste americano.
Poco a poco nos vamos acercando y la siguiente referencia visual es el monte 610 (cota en el mapa Michelin) en cuya Falda existen numerosos fósiles a ras de suelo.
Hacemos una parada en la zona a ver si hay suerte y nos encaramamos en un pequeño farallón de piedras azul oscuro, resquebrajadas, que resultan estar absolutamente llenas de fósiles. Ya desde el interior del coche se distinguen algunos.
Hacemos una parada para recoger algunos ejemplares y contemplar la curiosidad natural. El Iriki ya se abre hacia el Sur-Este. La parada también le viene bien a los amortiguadores que tras superar el tramo a ritmo, deben estar bastante calientes.
Encaramos el Lago Iriki para cruzarlo de Oeste a Este íntegramente, hacia las dunas del Chegaga.
Las dimensiones del lago, así como el polvo en suspensión que hay en el aire hacen que solo se vea la enorme extensión plana en todas las direcciones. Seguimos la indicación de los GPS y avanzamos cada vez más rápido: ya no hay pista que seguir tan solo horizonte en cualquier dirección.
Este lugar es difícil de describir: hay que recorrerlo.
La arena en suspensión aumenta, parece que tenemos tormenta de arena a la vista. Pasamanos junto a un pequeño cafetín que han instalado en medio de ninguna parte, y al poco llegamos a las primeras dunas del Chegaga. Allí paramos para quitar presiones porque el siguiente tramo es la travesía del oued arenoso del Chegaga y tenemos que protegernos con gafas y pañuelos de la arena. Uno de los Jeep nos comunica que el coche se le ha calentado en este último tramo un poco.
Empezamos el paso de las dunas, que están bastante compactas, lo que facilita el paso, pero el Jeep empieza a calentarse, apenas entramos en arena, por lo que no tienen más remedio que poner la calefacción para refrigerar un poco más y abrir las ventanas.
La temperatura exterior entre las dunas es de 50 ºC y el viento lleva tanta arena como aire. Además el conductor del Jeep, ¡aún no tiene pañuelo para protegerse¡ Además de para echar unas risas y salir en las fotos, los pañuelos de tuareg son para esto.
La temperatura sigue subiendo y…..tenemos que parar, lo último es darle un calentón al motor que pueda ocasionar una avería grave, por lo que en zonas más o menos compactas realizamos varias paradas, abriendo el capó y dejando que la temperatura del Jeep baje. Menos mal que la arena sigue muy compacta y podemos cruzar sin necesidad de forzar mucho los motores: no es necesario ni insertar reductora.
A la salida del Oued arenoso, reponemos presiones y de nuevo tomamos un tiempo para que baje la temperatura del Jeep, ahora toca pista dura y ahí es previsible que podamos coger más velocidad y se caliente menos. La tormenta de arena que empezó en el Iriki, sigue arreciando y cuesta ver hasta las roderas de la pista. Pasamos el Oasis Sagrado y busco en la parte trasera el refugio de un grupo grande de palmeras para hacer la parada de la comida. Allí medianamente resguardados, conseguimos comer sin demasiada arena, junto a un pozo con agua casi a ras de suelo. Retomamos ruta y decidimos abortar el paso hacia la pista que próxima a Mhamid sale al Erg Lihudi, como teníamos previsto, puesto que es más arenosa y tiene algunos pasos donde el Jeep podría calentarse con más facilidad, aunque no tengo los wpt cargados, tomo la pista ligeramente más al norte, que sale a Tagounite.
Elegimos bien, porque el viento va en aumento e incluso en esta pista, ben marcada, la visibilidad es bajísima. Seguir la de Mhamid habría resultado muy complicado.
Alcanzamos Tagounite y tomamos la carretera al Norte, hacia Zagora, que está invadida por pequeñas dunas arrastradas por el fuerte viento.
Cerca de Tamegroute. Nos sale al encuentro Mohamed “El Gordito” con su jeep amarillo, prevenido por una llamada que le hice de nuestra llegada y sobre la avería del Jeep. Se anticipa para asegurarse que vamos a su taller y no a la competencia.
Pasamos brevemente por el Hotel Palais Asmaa donde nos quitamos algo de arena de encima y de allí al taller donde perforan el termostato del Jeep para que refrigere mejor. El resto de los coches también aprovechamos para que «entren en boxes” como mínimo lavar, engrasar y reapretar algún que otro tornillo. Se ponen también a reparar la transmisión trasera del otro Jeep, que hace ruido, pero al final no parece que tengan claro lo que están desmontando y decidimos que no lo toquen.
El Hotel bastante bien, la cena muy correcta y con los coches revisados, el problema de temperatura teóricamente resuelto y los depósitos llenos, ha sido una jornada intensa. Tras la sesión de wi-fi para contactar con las respectivas, nos vamos a descansar, para afrontar la etapa del día siguiente, que también es larga.

Miércoles. Salimos por la pista de Zagora, recién arreglada, hacia el paso del Tizi´n Tafilalet. La pista esta de lujo (me temo que la asfaltaran en breve) y en unos minutos estamos pasando el paso de montaña, al otro lado siguen las buenas condiciones y podemos rodar rápido. Llegados a un punto unos kilómetros antes de Tarbalt, paramos para tomar una decisión: podemos seguir por la derecha hacia la pista del Dakar dirección Hamada del Kem Kem o seguir hasta tomar la del Oued y avanzar por el interior del Oued de arena. Elegimos esta última que es un poco más técnica y un poco más larga, pero muy bonita.
Entramos en el Oued y empezamos a circular con reductora, pero de momento sin necesidad de bajar presiones, pero….. Nuestro gozo en un pozo. El jeep, que creíamos reparado, empieza a calentarse en cuanto pone reductora y avanza por arena.
Tenemos que parar de nuevo a enfriar y buscar una salida improvisada a pista dura. Salimos y nos metemos por unas pistas laberínticas que llegan a unas minas artesanales de baritina, donde en zanjas o pozos están sacando a mano el mineral. Hay muchas rodadas en todas direcciones que utilizan los camiones que pasan periódicamente a retirar el mineral extraído. Tras varios kilómetros por esas colinas, salimos cerca del punto donde tomar la pista del Dakar que era la otra opción posible, y avanzamos por el Sur de TIsemounie hacia el Kem Kem, entramos en la Hamada y seguimos las pistas rápidas del Dakar.
El Jeep en este terreno no tiene problemas de temperatura y se van animando hasta el punto de salir escapados del grupo a toda velocidad. Nos reagrupamos un poco antes del Albergue del Marabout, donde un par de camellos muy fotogénicos captan nuestra atención y son inmortalizados con las cámaras “rrrriiii, rrrriiiii, rrrriiiii……” a este paso alguno se saca el título de pastor de camellos.
La pista discurre prácticamente sobre la línea de frontera con Argelia, rápida y rodeada de un paisaje totalmente desértico, tras unos kilómetros, que pasan rápidos, entramos en Tafraute, donde nos salen al encuentro para intentar convencernos de que comamos en el Albergue del Mickey, donde hemos parado en ocasiones anteriores, pero es un poco temprano, no hay viento ni arean dela que guarecerse y preferimos hacerlo en el Paso del Marech, que está un poco más adelante. Bordeamos las montañas, pasamos por nuevas minas de Baritina y entramos en el Marech, donde, ahora si, paramos a organizar una comida en toda regla: Hoy toca de plato caliente Zarangollo, con sus huevos frescos comprados en Zagora y la ya habitual ensalada fresca de tomate cebolla y latas varias. Como nos cuidamos.
Comemos frente al Albergue, a la sombra de sus palmeras y allí montamos el chiringuito, con sobremesa y todo.
Después de comer nos adentramos en la Hamada que hay desde allí hasta Mecisi: 50 kilómetros nada menos, de llanura desértica. Rodamos a nuestro aire, parando cada uno donde le apetece, disfrutando del entorno y la conducción. En el último tramo paramos junto a un pozo a reagruparnos y allí descubrimos, cuando íbamos a reanudar la marcha, que uno de los coches ha pinchado, le ponemos “un moco” de esos filamentosos, pero el corte que lleva es grande y no cierra del todo la pérdida de aire. Deciden seguir hasta la salida a Mecisi donde reponer aire cómodamente en la gasolinera.
El último objetivo del día está al alcance de la mano queremos subir a la “Gara de la Momia” y ver atardecer desde ese mirador privilegiado.
La noche se nos echa encima y el pinchazo se convierte en reventón, por lo que hace que sea imprescindible cambiar la rueda.
El cambio se hace a velocidad digna de equipo mecánico de Formula I pero aun así, llegamos a la Gara ya anochecido, subimos hasta arriba, pero ya no hay luz y las vistas son un fundido en negro. Otra vez será.
Retomamos camino y salimos a Risani, donde repostamos, soplamos filtros y ya por asfalto, tomamos hacia Merzouga, concretamente a Hassi Labied, donde nos esperan en el Alberge de Ali el Cojo.
Al llegar, una acogida fantástica, buen ambiente e incluso algunos nos dimos un chapuzón en la piscina.
La cena genial, y a continuación velada animada por los percusionistas del albergue.
Como vamos a hacer un par de noches allí, podemos descargar un poco más los coches y olvidarnos de hacer maletas, cosa que agradecerán las suspensiones y nosotros también.

Jueves. Tenemos prevista una ruta en bucle, empezando por atravesar las dunas del Erg Chebbi de Oeste a Este. El Jeep, tiene el problema de temperatura, por lo que decide abortar. El piloto nos acompaña en uno de los coches mientras el Copi decide plantearse un día de relax, que pasa en el Albergue y visitando el mercado de Risani.
Nosotros empezamos el recorrido y enseguida nos damos cuenta de que las dunas están complicadas, la cara de sotavento está muy cortada y es peligroso afrontarlas, vamos buscando una entrada un poco más favorable bordeando el erg hacia el Sur, pero no hay manera, nos dicen los lugareños que han tenido, hace unos días, muchísimo viento y eso es lo que hecho que queden así de complicadas. Bordeamos hacia el Sur del Erg, para intentar afrontarlas con otra orientación, pero siguen difíciles y tampoco es cuestión de arriesgar y tener un vuelco. Al final seguimos bordeando hasta entrar por las pequeñas dunas del lado Sur , buscando el oued arenoso que hay en la parte Trasera, ahí sí que disfrutamos de la conducción, subimos hacia Merdane y allí retomamos nuestra ruta, que nos lleva a la Hamada en dirección a las cercanas montañas de Argelia. Al poco empezamos a ver otros 4×4 por las inmediaciones, tienen un colorido especial: predomina el rosa.
Son las participantes del Rallie de las Gazellas o Aichas, que tienen el Vivouac y una especial en esa misma zona y con las que compartiremos pistas y oueds durante todo el día.
El recorrido nos lleva a entrar en el cauce de un oued arenoso que tiene varias bifurcaciones y pequeñas trampas de arena mas blanda, donde disfrutamos mucho. Vamos encontrando “Aichas” a lo largo del recorrido diseminadas, por los alrededores. Desde luego estas chicas le dan color al desierto.
Montamos la comida a la sombra de una gran acacia y disfrutamos nada más y nada menos que de una paella en pleno desierto. Es precocinada, pero esta de muerte. Gracias Pablo.
Tras la comida reposada y su correspondiente sobremesa, retomamos ruta, el oued da paso a un tramo fuera pista, donde hay que buscar “el paso menos malo” entre cortados por una llanura de piedra negra de aspecto calcinado, un paisaje impresionante. De allí retomamos un oued arenoso y cruzamos el asfalto en Taouz.
Nuevo cambio de paisaje y de terreno: llanuras pero esta vez tipo lago seco, con su costra blanquecina, farallones de piedra cargados de fósiles….. Una maravilla de entorno desértico. Cayendo la tarde, llegamos a Risani a través de su palmeral, no sin antes cruzar el cauce del rio junto a un puente destrozado por las lluvias del pasado año. Menos mal que baja seco, sino hay que dar un rodeo de cuidao.
Regresamos al Albergue de Ali donde volvemos a disfrutar de una deliciosa cena y damos cuenta de las que son casi las ultimas cervezas y las ultimas botellas de vino. La ruta ha sido de los más variada: arena, pistas, fuera pista, Hamadas….. 4×4 a tope.

Viernes. Toca despedirse del desierto, darle la espalda e ir subiendo: nuestro destino Meknes.
Salimos parando en el Geiser de Erfoud, de allí al mirador del palmeral sobre el Ziz donde hacemos algunas últimas compras, y de nuevo a la carretera pasando las gargantas del Ziz. El Jeep que se calentaba, parece tener un problema de estabilidad, la amortiguación bastante tocada, ha dicho basta, seguimos con precaución, y repartiéndonos parte de la carga en otros coches para aligerarlo pero al cabo de unos kilómetros, le vemos hacer “un extraño” muy peligroso, hay que cambiar esos amortiguadores sí o sí.
Buscamos un lugar cercano donde hacer la operación y mientras unos cambian los amortiguadores delanteros, que so n los que están peor, otros preparan la comida que esta vez será más normalita: bocatas y algo de picoteo.
Con el problema resuelto continuamos ruta, atrás quedo Midelt y los monos del Atlas, entramos en Azrou, de repente a la salida del pueblo, nos metemos en una nube de niebla y llovizna que parece puré de patatas, apenas hay visibilidad, y tenemos que avanzar en caravana a 20 km por hora durante un buen tramo. Finalmente unos kilómetros antes de Meknes, despeja.
Nos cruzamos con los primeros grupos de 4×4 que bajan a hacer su recorrido de semana santa.
En Meknes, visita a la medina que estaba medio cerrada, la plaza frente a la puerta Bab Mansour tampoco está demasiado animada. Tras la cena, de nuevo sesión de comunicación wifi y echamos un rato en la cafetería del propio hotel.

Sábado. El recorrido es todo autopista: Meknes-Asilah. A pesar de que hace mal tiempo y llueve intermitentemente, la autopista nos permite cubrir rápido los kilómetros y llegamos a Asilah a tiempo de comer en un muy recomendable restaurante español, cerca del puerto, un pescado y picoteo fantástico que dio paso a la hora de la siesta. Por la tarde, bajo la lluvia, visitamos el centro del pueblo, las viejas murallas y los alrededores del puerto, que bien merecen dedicarle un rato, callejuelas y rincones a medio camino entre los que encontramos en Chauen y Esaouira, pero en pequeño, le dan un encanto especial a este pueblo frente a las playas atlánticas.
El Hotel esta justito, pero en cambio la cena nos resultó sorprendentemente buena y además la rematamos con un queso manchego, 1er premio, cortesía de Pablo, que la redondeó del todo.

Domingo. Tan solo queda un último empujón: nos levantamos para llegar a Ceuta, cruzar frontera y tomar el Ferry de regreso, por el camino ya vamos planeando el próximo viaje.

Ha sido un viaje fantástico, donde nos hemos movido con agilidad, hemos disfrutado de la compañía de un grupo increíblemente bueno, donde hemos comido de maravilla, un viaje de contrastes increíbles en paisajes, en clima, en cultura, como siempre Marruecos no deja de sorprendernos y enamorarnos.
Marruecos 2013 un viaje Bajo la luz de la luna.

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