Crónica ruta El Rocio-Algarve portugues

Crónica ruta El Rocio-Algarve portugues

Desde el miércoles 5 y aprovechando el largo fin de semana de la Inmaculada y la Constitución, un grupo de 10 coches, afrontamos la realización de nuestra ya tradicional Ruta por tierras Andaluzas y Portuguesas.

Nos agrupamos en la localidad de Fuengirola, donde pernoctamos en el magnífico Hotel Beatriz, tras una cena a base de pescaito y otros productos típicos de las costas Malagueñas, unos se retiraron a descansar al hotel mientras los más osados realizaban un primera ruta nocturna por los animados pubs de esta zona.
En la cena nos acompañaron nuestros socios y amigos Manu y su mujer, que además de gestionarnos las reservas de la cena, echaron una mano (aprovechando que Manu es profesional del tema) a uno de los coches que venía con un problemilla de temperatura.
El Jueves a primera hora, tras repostar y desayunar, iniciamos el acceso a la localidad de Ronda, donde iniciamos el Rutómetro.
La ruta de este primer día es muy completa, y nos llevó a recorrer: Serranía de Ronda, Sierra de Grazalema, y la Ruta de Pueblos blancos de la campiña Sevillana, todo ello a través de caminos pistas y cañadas reales. Hacia el mediodía, alcanzamos la zona del preparque de Doñana, cruzando después de comer el Guadalquivir en Coria del Río, donde lo hacen las Carretas que van al Rocío (que dice la Sevillana).
Desde Coria, siguiendo el camino Rociero homonimo, nos dirigimos a VillaManrique, atravesando carriles de albero, donde empezaron a aparecer el agua y el barro (aunque bastante menos que en otras ocasiones).
Al pasar algunas zonas embarradas, apareció en 2 de los coches un problema eléctrico, típico de estos caminos de barro muy líquido, que se mete por todos los rincones del motor: los alternadores dejaron de cargar por suciedad, por lo que fue necesario reparar (en uno de ellos) e ir haciendo apaños (intercambiando batería con otro coche) en el otro.
Antes de VillaManique, realizamos el singular Vado del Quema, punto emocional de los Rocieros.
A Partir de VillaManrique, tomamos la carretera que nos lleva hasta la cercana aldea del Rocio, puesto que los últimos 15 km a través de la Raya Real, desde hace unos años, están restringidos al paso de Hermandades y Vehículos del Parque.
Llegamos a la Ermita justo a tiempo de ver el espectacular atardecer sobre la marisma frente a la Blanca Paloma.
Desde allí al Hotel de Matalascañas (a unos 15 km), a descansar un poco que la ruta había sido larga e intensa.

Al día siguiente, Viernes, nos dirigimos a la cercana frontera de Portugal, para realizar una ruta por el Algarbe, que partiendo de Castro Marim (inmediatamente después de la frontera), se adentra en el interior, para retornar al final del recorrido a la localidad costera de Tavira. Las pistas del país vecino, están en muy buen estado, y la red de caminos es amplísima, realizamos varios vadeos de ríos afluentes del Guadiana, el más esperado (y temido) en el Odiel, finalmente no presentó dificultad pues las aguas bajaban mansas y con no demasiada altura.
Tras completar el recorrido y ver el atardecer en la Praia de la Ilha de Tavira, entreteniéndonos un rato con las capturas de los pescadores locales desde el muelle, retomamos la autopista de regreso al Condado de Niebla, dando por finalizado otro día intenso y largo en Matalascañas.
El sábado, el recorrido planteado era de menos kilómetros que en días anteriores, pero también ajustado de tiempo por la cantidad y calidad de cosas a ver y disfrutar:
Salimos en dirección al Centro de Interpretación del Acebuche, donde arranca una pista forestal en dirección al antiguo poblado forestal de El Abalario, para desde allí y con dirección Nor-Oeste, siguiendo caminos y cortafuegos a través del Parque, llegar a Moguer.
Anteriormente, la ruta completa, partía desde la ermita del Rocío, y seguía el Camino de Moguer, pero al igual que en la Raya Real, desde hace unos años, el paso a vehículos a motor esta limitado, por lo que buscamos un recorrido autorizado alternativo, arrancando desde el carril de El Abalario.
Al llegar a Moguer, realizamos la visita a los lugares colombinos: Monasterio de la Rabida y Muelle de las Carabelas, para después, dirigirnos a la localidad de Bollullos, donde teníamos prevista una comida típica de lujo, los platos de tapas no dejaban de caer en la mesa y nosotros no dejábamos de dar cuenta de ellos ayudados por el vino blanco de la tierra y la cerveza, terminamos con la famosa tarta de nata y fresas de Huelva. Todo un Festín.
Para la tarde aun reservamos un final de fiesta entretenido: un recorrido por las dunas entre pinares, en el que poner a prueba la destreza conduciendo sobre arena, ya sabéis que es uno de los terrenos más divertidos, y a la vez uno de los que entraña mayor dificultad cuando viene la cosa mal dada.
Aparecieron unos problemas mecánicos en un par de vehículos (falta de tracción delantera y calentamiento de embrague) que nos hicieron trabajar un poco (pero de eso se trata también ¿no?), y dejamos la zona de arena al esconderse el sol, para realizar una visita distendida y alguna compra de recuerdos en la aldea del Rocío.

El domingo, como despedida, y antes de abandonar definitivamente la comarca, nos dirigimos al la aldea del Roció y en el famoso puente del Ajolí (llegada de la Raya Real a la aldea), nos hicimos la última foto de grupo y respiramos los últimos aires de la marisma del Coto de Doñana.
Nos despedimos de estas tierras tan hospitalarias hasta pronto, y ya por autopista realizamos el viaje de regreso.
Hay que destacar la buena planificación de la ruta y el nivel de los alojamientos y gastronomía preparada por Kike, al que un servidor (que me apunté al grupo a ultimísima hora) hecho una mano.
También y eso es siempre lo más importante, lo bien que funcionó el grupo, que era de nada menos que 21 adultos y 8 niños. En el grupo además de unos cuantos de los habituales e incondicionales de todas las rutas, contamos con la participación de los coches de 3 nuevos socios y de 1 antiguo socio que por motivos de trabajo ha estado apartado unos años de nuestras actividades. Ha sido un autentico placer contar con todos ellos, con los de siempre, con los nuevos y con los reencontrados, que han-hemos hecho que la ruta sea un éxito tanto en el aspecto de la práctica del todo terreno como en la convivencia y en el encuentro de esos pequeños instantes de goce que algunos llaman felicidad.